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Prensauenllezvipi. La extensión municipalizada Tinaquillo en el día de ayer arribo a sus 19 años de creación lo que permitió la celebración por parte de la comunidad universitaria, docentes, estudiantes, personal administrativo y obrero que hacen vida a diario en esta extensión.

La celebración se llevo a cabo en las instalaciones de la Quinta la Floresta, ubicada en el municipio Tinaquillo, iniciando con la interpretación de Himno Nacional que estuvo a cargo de la Banda de la Unefa, seguidamente con la ofrenda floral ante el busto de Bolívar, y las palabras estuvieron dirigidas por el profesor Miguel García coordinador de la extensión, quien agradeció a los presentes por conmemorar tan significativa fecha para la Unellez y animo a cada uno de los asistentes a continuar con la lucha y el compromiso con la institución.

Para finalizar se realizo el canto del cumpleaños, y los presentes disfrutaron y compartieron amenamente como una gran familia de unas suculentas tortas.

 

 

​Buen día estimados anexo le envío Articulo de Opinión del Rector de esta semana ​


Vergüenza étnica, asunto del pasado.

Prof. Alberto Quintero

Rector UNELLEZ 

Los factores raciales en Venezuela siempre han tenido un sitial bien conservado. De hecho, el llamarse mantuano lo presenta de manera radical, ya que se daba este nombre a ciertas mujeres de la Caracas colonial procedentes de raza española sin haberse observado en ellas algún atisbo de mestizaje, utilizaban un manto negro para ir a la Santa Misa, siendo que solo a ellas se les permitía tenerlo. Este sentimiento de orgullo iba acompañado necesariamente de otro más venenoso, el de menosprecio no sólo por los negros o indios, sino por todo aquel que viniese a este mundo con rasgos de mezclas entre las tres razas. Para el año 1810 el número de blancos europeos (Españoles y blancos criollos) en el país era de 212.000 de un total de 800.000 (en donde se encontraban,  los Indios, los Negros esclavos y las Castas Mixtas), es decir, solo un 25 %. Esta relación en nuestros días ha descendido de tal forma que se estima que solo un 0,2 % de la población es de raza blanca pura. En un estudio realizado en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) se reveló una sorpresiva realidad, los análisis de los genomas de las personas de raza negra que habitan las zonas de Choroní, Cuyagua y Cata mostraron una prevalencia de genes blancos en un 55 % de las muestras de ADN registradas.  Más contundente han sido los resultados encontrados en un estudio similar en poblaciones enteramente blancas de algunas partes de los estados Mérida y Táchira en donde el porcentaje de aparición de genes indígenas fue de hasta un 85 %.  Con la explotación petrolera se dio lugar a una inmigración europea que fue muy beneficiosa para el país, gente con gran capacidad de trabajo y con dominio de técnicas para casi toda clase de actividad, que propulsó un desarrollo constante. Sin embargo, muchos de ellos trajeron prejuicios raciales de marcada tendencia.

La vergüenza étnica es un sentimiento popular que lleva a la gran mayoría de nosotros a sobresaltar y destacar algún ancestro propio de origen europeo pero nunca a reconocer y hasta negar la presencia en nuestro árbol genealógico de gente de raza negra o indígena. De forma consciente o inconsciente en miles de conversaciones estos temas se declaran,  a veces en tono jocoso, a veces en tono peyorativo. Miles de relaciones de amistad y noviazgos se van visto afectados por estas conductas,  y esto mismo se expresa en la canción llamada “Plástico” de Ruben Blades en la que una pareja le prohíbe a su hijo “jugar con niños de color extraño”. Este fenómeno es digno de estudio, en el siglo XIX el presidente Antonio Guzman Blanco en uno de sus escritos comentaba que “la peor agonía que tenia la aristocracia venezolana era saberse mezclada y no pura, tal y como ellos mismos vociferaban”, esto desdice de cómo nuestra sociedad se veía a sí misma.

Como legado inolvidable de nuestro comandante eterno Hugo Chávez, se perfiló siempre el orgullo por la sangre indígena y la sangre negra que el mismo llevaba en sus venas. Era tanto el amor por nuestras raíces que transmitía, que se podría decir que fue por allí precisamente donde empezó a darse la verdadera revolución, el vernos a nosotros mismos capaces de forjar nuestro propio destino, herederos de una raza combativa que nunca se rindió y que se entregó siempre a sus semejantes. Siempre nos hacían creer que nuestros problemas los arreglarían otros, pero el aprendizaje que nos dejó fue exactamente el creer en nosotros mismos y que unidos podíamos encontrar nuestro camino.

Por eso me atrevo a decir aquí que aquello de la vergüenza étnica es un asunto del pasado cada día más, recordando para siempre que el prejuicio y la discriminación generan resentimiento, el resentimiento genera odio y el odio inevitablemente genera más odio.